Conmemoración de la Pasión de Cristo.

Como pasionistas celebramos con gran alegría y profundo amor esta solemnidad que tiene tan gran significado, al ser el motivo por el cual nos hemos consagrado y tenemos una misión dentro de la Viña del Señor, la Iglesia: el difundir entre los hombres la meditación del misterio de la Pasión de Cristo. Una Conmemoración, inicia así el título de esta Solemnidad, lo cual nos hace remitir de manera inmediata al memorial de la Pasión del Señor, la Eucaristía, centro de nuestra vida consagrada. Centro y fuente de nuestra espiritualidad. En ella nos alimentamos física y espiritualmente.

Memoria, que se mantiene siempre presente en nuestras vidas: tanto en la parte sacramental, como en la historia del mundo, la historia que tenemos cerca de nuestras comunidades, de nosotros mismos. La Pasión está cerca de nosotros, por lo que no sería tan difícil adentrarnos en ella -al menos eso es lo que se supone-. Una memoria tan cerca y a la vez tan lejos, nuestra ceguera no deja que la contemplemos, a causa de tener lleno el corazón de todo, menos de Dios. El mundo habla a gritos de la Pasión, pues nos recuerda el motivo por el cuál Él nació en este mundo: liberarnos de las cadenas esclavizantes del pecado.

Nos recuerda por tanto también los dolores que padeció por voluntad propia, aceptados con amor, para retirarnos esas cadenas, esas espinas, esas cruces, esos clavos, ese flagelo, y curarnos esas heridas en nuestros cuerpos y almas. Conmemoración, memoria, recuerdo de algo especial que tiene como finalidad mantener siempre presente su memoria.

Feliz fiesta del titular de nuestra Congregación.